Cosas del corazón: Scott Hahn reflexiona sobre el 6o domingo de tiempo ordinario

Sirácides 15,15–20 

Salmo 11,1–2, 4–5, 17–18, 33–34 1

Corintios 2,6–10 

Mateo 5,17–37


Jesús nos dice en el Evangelio de esta semana que no ha venido a abolir sino a cumplir la ley de Moisés y las enseñanzas de los profetas.

Su evangelio revela el sentido más profundo de los Diez Mandamientos y la Ley del Antiguo Testamento. Pero su Evangelio transciende la Ley. Exige una moralidad más grande que la vivida por los judíos más estrictos, los fariseos y los escribas.

La observancia externa de la Ley no es suficiente. No basta que no matemos, no cometamos adulterio, divorcio, que no mintamos.

La ley de la nueva alianza es una ley que Dios escribe en el Corazón (cfr. Jr 31:31-34). El Corazón es la sede de nuestras motivaciones, el lugar de donde proceden todas nuestras palabras y acciones (cfr. 6:21; 15:18-20).

Jesús nos llama a entrenar en nuestro Corazón, a dominar nuestras pasiones y emociones. Y Él exige la plena obediencia de nuestros corazones (cfr. Rm 6:17). Nos llama a amar a Dios con todo nuestro Corazón y hacer su voluntad (cfr. Mt 22:37; Ef 6:6).

Dios nunca nos pide nada más allá de nuestras capacidades. Esto es el mensaje de la primera lectura. Es preciso escoger la vida sobre la muerte, las aguas de la vida eterna sobre los fuegos de impiedad y pecado.

Por su vida, muerte y resurrección, Jesús nos ha mostrado que es posible cumplir sus mandatos. En el bautismo, Él nos ha dado su Espíritu para que su Ley pueda cumplirse en nosotros (Rm 8:4).

La sabiduría del Evangelio sobrepasa toda la sabiduría de este mundo que está pasando, como San Pablo nos dice en la epístola.  La revelación de esta sabiduría cumple el plan de Dios de todo el tiempo.

Confiemos en esta sabiduría y vivamos por la ley de su Reino.

Como hemos hecho en el salmo de hoy, oremos para que vivamos mejor su evangelio y busquemos al Padre con todo nuestro Corazón.