Nuevo Amanecer: Scott Hahn reflexiona sobre el Domingo de Pascua

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San Pedro y San Juan en el sepulcro de Cristo, Giovanni Francesco Romanelli, c. 1640

Lecturas :
Hechos 10,34.37-43
Salmo 118,1-2.16-17.22-23
Colosenses 3,1-4
Juan 20,1-9

El sepulcro estaba vacío. En la obscuridad del amanecer en ese primer domingo de pascua, reinaba la confusión en María Magdalena y los discípulos. Pero al crecer el resplandor del sol pudieron ver el amanecer de una nueva creación.

Al principio, no comprendían lo que decían las Escrituras, según el evangelio de hoy. No sabemos exactamente cuales Escrituras eran las que debiesen comprender. Tal vez era la señal de Jonás, quien sale del vientre del pez al tercer día (véase Jonás 1,17). O quizá la profecía de Oseas de la restauración de Israel después del exilio (véase Oseas 6,2). Tal vez era el salmista quien regocijaba al no lo ser abandonado por Dios a la sepultura (Salmo 16, 9-10).

Cualquiera que fuese la Escritura, al asomarse los discípulos al sepulcro, ellos vieron y creyeron. ¿Qué fue lo que vieron? Los lienzos en el piso y el sepulcro vacío. La piedra removida del sepulcro. Siete veces en nueve versículos escuchamos la palabra “sepulcro.”

¿Qué fue lo que creyeron? Que Dios hizo lo que Jesús dijo que iba a hacer—de resucitarlo al tercer día (véase Marcos 9,31; 10,34).

A lo que vieron y creyeron, dieron testimonio según la primera lectura. El discurso de Pedro es una síntesis de los evangelios—desde el bautismo de Jesús en el Jordán hasta terminar colgado en la cruz (Deuteronomio 21,22-23), y por fin a su resurrección de entre los muertos.

Somos hijos de los apóstoles, nacidos a un mundo nuevo de su testimonio. Nuestras vidas ahora están “escondidas con Cristo en Dios,” como nos dice la epístola de hoy. Así como ellos, nos reunimos en la mañana del primer día de la semana- para celebrar la Eucaristía, la fiesta del sepulcro vacío.

Regocijamos que las piedras han sido removidas también de nuestros sepulcros. Cada uno podemos exclamar como en el Salmo, “No moriré, sino que viviré.” Ellos vieron y creyeron. Y nosotros esperamos el día que se nos ha prometido que vendrá—cuando nosotros también nos “veremos con Él en la gloria.”